La Aguja no cayó con un choque cataclísmico. Se disolvió, su forma perfecta cediendo ante las leyes desordenadas y caóticas de la naturaleza. El viento, ya no una corriente estéril y filtrada, aullaba y tiraba de su ropa, trayendo el olor de la tierra húmeda y de los pinos lejanos. El suelo bajo sus pies, que antes era un cristal blanco e impecable, se agrietó y se levantó, revelando una tierra oscura y fértil.Fen, siempre el pragmático, encontró una sección de la escalera en espiral que había sobrevivido parcialmente a la disolución y comenzó a guiarlos hacia abajo. El descenso era peligroso, los escalones se desmoronaban bajo su peso, pero era un descenso hacia la realidad.A mitad de camino lo encontraron.El Arquitecto estaba sentado sobre un fragmento roto de lo que antes había sido su trono, con la cabeza entre las manos. Era solo un anciano con una túnica blanca rasgada, llorando en silencio. El dios de Veridia había desaparecido, dejando únicamente a un hombre asustado y roto
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