Lo que comenzó como una acalorada discusión se había transformado ahora en una pelea física.—No te atrevas a volver a intentar algo así conmigo, Delphine —siseó Isla, con el pecho todavía agitado—. Esa Isla que crees conocer está muerta. La mujer que tienes frente a ti ahora es diferente, y jamás tolerará que una sanguijuela como tú se acerque a lo que le pertenece por derecho.Su voz era aguda y feroz, de esas que podrían cortar el cristal. El fuego en sus ojos dejaba claro que hablaba muy en serio.Delphine se quedó allí, paralizada, con ambas mejillas ardiendo en rojo por las dos fuertes cachetadas que Isla le había dado. Lucía conmocionada, incluso humillada, mientras se cubría la cara con manos temblorosas.Isla se dio la vuelta para irse, pero se detuvo de pronto y encaró a Delphine una vez más.—Y una cosa más —dijo con frialdad—. Que esta sea la última vez que apareces cerca de mí y de mi esposo. Te lo juro, Delphine, si te atreves a ignorar mi advertencia, no te va a gustar c
Leer más