Lo que comenzó como una acalorada discusión se había transformado ahora en una pelea física.
—No te atrevas a volver a intentar algo así conmigo, Delphine —siseó Isla, con el pecho todavía agitado—. Esa Isla que crees conocer está muerta. La mujer que tienes frente a ti ahora es diferente, y jamás tolerará que una sanguijuela como tú se acerque a lo que le pertenece por derecho.
Su voz era aguda y feroz, de esas que podrían cortar el cristal. El fuego en sus ojos dejaba claro que hablaba muy en