El corazón de Isla comenzó a acelerarse. El efecto que Gabriel tenía en ella se estaba convirtiendo en algo que ya no podía controlar. Apretó el celular con tanta fuerza que le crujieron los dedos.
—¿Estás bien? —la voz de Sofie interrumpió sus pensamientos.
—Sí, estoy bien —respondió Isla. Pero su tono la delató; algo dentro de ella había cambiado.
Se sentó en el sofá y desenvolvió el bagel para darle una mordida lenta. No sabía a nada, pero siguió masticando. El café ya estaba frío, pero aun a