Mientras los labios de Isla seguían unidos a los de su esposo, una voz furiosa se filtró entre la música.
Delphine caminaba hacia ellos con paso firme; el golpeteo rítmico de sus tacones contra el suelo resonaba con fuerza. Tenía la cara pálida de furia y sus ojos ardían con algo muy parecido a la locura.
—¡Gabby! —gritó ella, con un tono tan amargo que atrajo las miradas de todos a su alrededor.
Isla se quedó petrificada a mitad del beso y se apartó despacio, con la respiración entrecortada. In