Se escuchó un suave golpe en la puerta de la habitación del penthouse de Isla en Wyndham Heights.
Al principio no se movió. Solo se dio la vuelta hacia el otro lado de la cama y hundió más la cara en la suave almohada.
Volvieron a tocar; era un sonido ligero pero persistente.
Gimió en voz baja, con el cuerpo todavía pesado por el sueño. Abrió los ojos y parpadeó ante la suave luz de la mañana que se filtraba por la ventana.
Le latía un poco la cabeza. Se había acostado muy tarde la noche anterio