El despertar no es una transición suave, sino una colisión violenta contra la realidad. Mis párpados pesan como si estuvieran sellados con plomo, y un sabor metálico y amargo «el rastro del sedante y del horror». Me inunda la boca. Por un segundo, la desorientación me envuelve; el techo no es de hormigón gris, sino de un blanco inmaculado con molduras elegantes. No huele a humedad ni a miedo, sino a sándalo, tabaco caro y ese aroma a bosque invernal que es la esencia misma de Lucien.Intento moverme, pero un peso cálido y sólido me lo impide. Al girar la cabeza con lentitud, lo veo. Lucien está a mi lado, profundamente dormido por una vez, con el rostro hundido en mi hombro. Su brazo rodea mi cintura con una posesividad que, en lugar de asfixiarme, me devuelve el alma al cuerpo.Estoy a salvo.Entonces, los recuerdos regresan en una oleada abrasadora.La cara de Danny. No el Danny que yo recordaba, sino esa versión retorcida, cínica y cruel que se había ocultado tras la muerte de su h
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