El trayecto desde la sala de televisión hasta la cocina es una procesión de risas infantiles y el golpeteo rítmico de los pies de Lucy contra el mármol. Al entrar, me encuentro con una escena que me hizo parpadear un par de veces para asegurarme de que no sigo bajo los efectos del sedante de la semana pasada. Elmira, la mujer que normalmente parece tallada en granito siberiano, está allí con un gesto suave, casi cálido. Sus labios, que rara vez se curvan para algo que no sea una orden seca, esb