El aire en la mansión Belmont es denso, cargado con el perfume de miles de orquídeas blancas y el aroma metálico del poder que solo se respira en las altas esferas de Las Vegas. Han pasado apenas un par de días desde la tarde de calma en la sala de televisión, y la transición de la paz doméstica a esta exhibición pública de fuerza me resulta casi abrumadora. Mi abuelo no ha escatimado en gastos; esta fiesta no es solo una celebración, es una declaración de guerra preventiva. Al reunir a los Iva