LauraEl día de la audiencia llegó con un cielo gris que parecía un mal presagio. Sentí un nudo constante en el estómago, pero no era miedo, sino determinación, furia y el instinto ferrero de proteger a mi hijo.Mat me acompañaba, firme, con una carpeta repleta de documentos, cartas y declaraciones. Gabriel estaba en su cochecito, cubierto con una manta ligera, ajeno al drama que se desarrollaba a su alrededor. Rocé su mejilla mientras avanzábamos por el pasillo del juzgado de familia.Al entrar a la sala, la tensión se volvió palpable. Los bancos estaban ocupados por abogados, asistentes judiciales y curiosos que observaban más por morbo que por interés real. Carlos ya esperaba en su sitio, impecable, con traje gris oscuro, corbata perfectamente anudada, expresión fría y mirada calculadora. Rebeca se ubicaba tras él con ese aire de elegancia y superioridad que solía emanar de ella.Apenas intercambiamos miradas conforme nos acercábamos a nuestro lugar. Luego de varios minutos entre
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