Lía estaba allí, pálida, dormía profundamente, Mikkel se acercó a ella, tratando de no hacer ruido para no despertarla, observó sus delgados brazos que sobresalían entre las sábanas, en ellos sobresalían moretones morados, algunos más oscuros que otros.Bajo sus ojos había unas profundas ojeras oscuras, sus labios estaban agrietados, todo demostraba su dolor, dolor que ella había pasado sola.Henrik y Freja se habían quedado en el pasillo, Freja iba a entrar detrás de Mikkel, pero el abuelo la detuvo.—Espera —dijo Henrik, bajando la voz— déjalos solos, necesitan tiempo.Freja apretó los labios.—No quiero que la lastime más.—Confía en mí —insistió él— dales solo un momento.Ella soltó un suspiro, pero asintió de mala gana por respeto al abuelo, ella sabía que él siempre había tratado bien a Lía.Mikkel se apoyó sobre la pared, apretando los puños, la imagen ante él le dolía, sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas.Que tonta, Lía, cómo había podido ocult
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