El silencio que siguió a las palabras del abuelo fue denso, cargado con el peso de una verdad que yo ya no podía ignorar. Miré mis manos, que aún temblaban, y luego toqué el borde de mi máscara. Tenía razón. Desde que Nicolás entró en mi vida mi mundo se había convertido en un campo de batalla de instintos, sangre y terror.Estar cerca de él era como intentar abrazar un incendio: tarde o temprano, ambos terminaríamos reducidos a cenizas.— Tiene razón — susurré, y sentí como si algo dentro de mi pecho se terminara de romper — No nos hemos hecho bien. Yo vivo aterrorizada y él... él está perdiendo el control.El abuelo asintió con una solemnidad que rayaba en la ternura. Por un momento, no vi al patriarca del Clan de la Noche, sino a un hombre que realmente parecía preocupado por mi destino individual, más allá de mi utilidad para su nieto.— Eres una joven inteligente, Freya — dijo él, acercándose lo suficiente para poner una mano en mi hombro, un gesto que, extrañamente, no me hizo r
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