El dolor de mis ojos y la pesadilla de la fiebre se volvieron secundarios ante el instinto de supervivencia. Mi cuerpo pesaba, pero el terror inyectó una dosis de adrenalina en mis venas que me permitió rodar por el suelo justo cuando él intentaba clavar sus colmillos en mi nuca.— ¡Aléjate de mí! — le grité, mi voz sonando ronca, irreconocible.Me puse en pie como pude, tambaleándome. La habitación era un caos de sombras. Agarré una silla de metal y la interpuse entre nosotros luego empujé una mesa auxiliar, creando una barricada improvisada mientras él caminaba en círculos, acechándome con la agilidad de un depredador que sabe que su presa no tiene escapatoria.— Es inútil, Freya — siseó el Alfa, y su risa era un sonido roto, carente de toda cordura — Mientras exhales ese aroma, mientras tus feromonas sigan llamando a la sangre, nunca podrás vivir en paz con el Clan de la Noche. Tienes que rendirte. O mueres ahora, o morirás antes de descubrir la verdad.— ¿La verdad? — exclamé, ap
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