Francine frotaba una olla con fuerza, arrojando agua y espuma al escurridor, mientras Malu revisaba el celular distraídamente a su lado.—¿Ves, Malu? —refunfuñó, limpiándose la frente con la manga—. ¿De qué sirvió toda esa persecución para quedarme con él, si ahora ni siquiera tiene el valor de mandarme un mensaje?Malu alzó una ceja, intentando no reírse de la indignación de su amiga.—Ay, Francine, por lo menos lo lograste… —empezó a decir, pero fue interrumpida por la voz de uno de los guardias que apareció en la cocina.—Francine, hay una entrega para ti en la entrada…Francine se detuvo, confundida, y se secó las manos rápidamente en el delantal.—¿Y ahora quién será? —murmuró, caminando hacia la puerta.Curiosa, siguió hasta allí. Se encontró con un repartidor que sostenía una pequeña bolsa de una joyería refinada.—Firma aquí, por favor —dijo él, extendiéndole la tablet.Mientras deslizaba el lápiz digital por la pantalla, murmuró, sonriendo de lado:—No puedo creer que haya he
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