Francine despertó antes de que saliera el sol, como su reloj biológico ya estaba acostumbrado, y notó que Dorian no estaba a su lado.—Caramba, Dorian… al menos yo dejé una nota —refunfuñó.Aún somnolienta, se vistió rápido y salió de la habitación, avanzando por el pasillo silencioso.Fue entonces cuando lo vio venir en su dirección: el cuerpo sudado, evidente señal de que había estado entrenando, pero con la mirada firme e intensa.Antes de que pudiera reaccionar, él tomó su mano y la besó con delicadeza, tomándola completamente por sorpresa.—Te besaría en la boca, pero no quiero empaparte de sudor —murmuró, con una sonrisa apenas perceptible.Francine todavía estaba aturdida por el gesto, sintiendo el calor del cuerpo de él tan cerca, cuando Dorian desvió la mirada por un instante y reparó en la pulsera que ella aún llevaba.Sus ojos se detuvieron un segundo de más sobre ella, calculando, sospechando.—Bonita pulsera —dijo, con un toque de sarcasmo.—Quien me la dio tiene muy buen
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