Francine frotaba una olla con fuerza, arrojando agua y espuma al escurridor, mientras Malu revisaba el celular distraídamente a su lado.
—¿Ves, Malu? —refunfuñó, limpiándose la frente con la manga—. ¿De qué sirvió toda esa persecución para quedarme con él, si ahora ni siquiera tiene el valor de mandarme un mensaje?
Malu alzó una ceja, intentando no reírse de la indignación de su amiga.
—Ay, Francine, por lo menos lo lograste… —empezó a decir, pero fue interrumpida por la voz de uno de los guard