La Mansión Vizcaya, en el corazón de Coconut Grove, brillaba bajo la luz de miles de bombillas de tungsteno. Era la noche de la "Gala del Renacimiento", el evento benéfico más prestigioso de Miami, aquel que Michael Sterling solía presidir con una sonrisa generosa. Esta noche, sin embargo, el aire se sentía cargado, eléctrico. Los invitados murmuraban detrás de sus copas de champán sobre el vacío que había dejado Sterling, pero sobre todo, hablaban del hombre que se esperaba que ocupara su lugar.Alexander Blackwood llegó exactamente diez minutos después de que comenzara el servicio principal. No entró de forma discreta.Vestía un esmoquin a medida de seda medianoche, con una camisa blanca tan rígida que parecía tallada en mármol. A su lado, Camila era una visión de elegancia letal en un vestido de terciopelo esmeralda que resaltaba la frialdad decidida de su mirada. Sus manos no temblaban; ella sabía que esta noche, las palabras herirían más que las balas.—Recuerda el orden, Alexand
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