El salón estaba en silencio cuando Alejandra entró. Caminaba con paso medido, el rostro sereno, los hombros relajados. Había ensayado cada gesto frente al espejo antes de llegar.Alice permanecía de pie junto a la ventana. No se volvió de inmediato.—Madrina… —comenzó Alejandra con voz suave, casi dulce.Alice giró lentamente.Alejandra sonrió con una humildad cuidadosamente construida.—Ya me dieron el resultado del laboratorio, madrina, . . .Estoy embarazada —dijo, llevando una mano al vientre con delicadeza estudiada—. Eso me da una gran dicha… desde el fondo de mi ser, era lo que siempre he querido. Formar una familia… darle a Vittorino un hijo… —hizo una pausa leve—. Mi hijo es tu nieto, madrina.El silencio que siguió no fue de emoción. Fue de peso.Alice la miró largamente, sin dureza, pero sin rastro de ternura.—Alejandra… —respondió finalmente— no puedes formar una familia y una felicidad con las cenizas de otra.La sonrisa de Alejandra se tensó apenas, casi imperceptible.—
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