La noche en Roma no traía descanso para Alejandra. El apartamento estaba en silencio, iluminado apenas por la luz fría del escritorio. Frente a ella, la pantalla del portátil mostraba varias ventanas abiertas: portales de noticias financieras, revistas de sociedad, contactos de periodistas. Durante varios minutos no hizo nada. Solo observó.
Las palabras de Vittorino aún resonaban en su mente: “La desconfianza se construye con acciones.”
Sonrió apenas. —Entonces hablaremos de acciones… —murmuró.