Vittorino vio la portada antes de que alguien se la mostrara.Estaba sobre la mesa de la sala de juntas, entre carpetas de informes y tazas de café. La revista circulaba de mano en mano con una naturalidad cruel, como si no llevara en sus páginas una herida abierta. Fingió no notarla al principio, pero cada risa contenida, cada mirada lateral de sus socios, le indicaba que ya todos la habían visto.Cuando finalmente tomó el ejemplar, nuevas fotos continuación de las del día anterior, sus dedos se quedaron rígidos.Amanda.Fram. Santi. Los tres juntos, bajo un cielo azul imposible, rodeados de delfines y sonrisas que parecían demasiado auténticas para ser un montaje. El titular hablaba coontinuaba con el titular de “una nueva familia”, de “un futuro lejos de los Giordani”, de “la serenidad que llega cuando se elige bien”.Volvió a sentir una punzada seca atravesarle el pecho. Orgullo. Rabia. Pero, por encima de todo… culpa. Porque, al ver a su hijo sonreír así en brazos de otro hombre, co
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