41. Byron está obsesionado.
Sabrina atravesó el salón como si el suelo quemara bajo sus pies, dejando a Byron y a Elena atrás. Su mente bullía de una rabia helada mientras esquivaba invitados y bandejas de champagne; no buscaba consuelo, buscaba un arma, y sabía exactamente dónde encontrarla.Renata estaba cerca de la barra, hablando con uno de los inversores más importantes. Sabrina esperóhasta que el inversor se retiró. Entonces, se acercó y le apretó el brazo haciendo que Renata arqueara una ceja.— Necesito hablar contigo. Ahora — susurró Sabrina.Renata no se inmutó, pero sus ojos se entrecerraron al notar el rastro de rímel corrido en el rostro de la joven.— Sabrina, querida, estamos en mitad de una gala...— Se trata de Byron — la interrumpió — Y de esa mujer, Elena Davis. No es quien dice ser, Renata. Y Byron está a punto de tirar todo por la borda por ella.Renata evaluó la situación en un segundo: el vestido salpicado de champagne, el maquillaje arruinado y la rabia que emanaba de la chica. Sin hacer
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