54. ¿Jura decir toda la verdad?
— Señor Wallace, la sesión va a reanudarse. Le toca subir al estrado.Byron se levantó como si el cuerpo no le perteneciera; las piernas le pesaban el doble. Cuando entró en la sala, el murmullo de la gente se cortó en seco. Sintió los flashes de las cámaras y decenas de miradas clavadas en su nuca. En el estrado de los testigos estaba ella, con esos ojos azules que ahora lo desarmaban por completo. A su lado, Julián mantenía la mandíbula apretada, conteniendo la tensión. Y arriba, en la galería del público, Renata lo vigilaba con una rigidez que daba escalofríos.El juez le indicó el asiento. Byron caminó, se sentó y se frotó las manos sudorosas contra los pantalones. El micrófono frente a él parecía gigantesco. — Señor Wallace — dijo el juez — ¿jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? — Lo juro.Julián se levantó despacio de su mesa, acomodándose la chaqueta antes de avanzar. — Señor Wallace, ¿escuchó usted en algún momento a su madre, Renata Wallace, da
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