51. Él me salvó.
— ¿Dónde está mi hijo? — la pregunta salió de la garganta de Elena como un trozo de vidrio roto, áspera, cargada de un pánico que le raspaba por dentro.— Rosa lo recogió del colegio hace una hora — Julián cerró la puerta a sus espaldas, un golpe seco que dejó el mundo entero fuera — Se lo llevó al nuevo apartamento que conseguí en Brooklyn. Nadie los puede localizar allí, Elena. El niño está seguro.Elena soltó el aire en un suspiro largo que le quemó los pulmones. Liam estaba a salvo. Por un segundo el peso que llevaba encima pareció aflojarse un poco, solo un poco, pero enseguida llegó otra vez esa fatiga vieja, de mil años, que le hundía los hombros. Se dejó caer en el sofá, el cuerpo convertido en plomo. Las lentillas verdes le ardían como si tuviera brasas debajo de los párpados. Quiso arrancárselas ahí mismo, hundir los dedos en los ojos y gritar hasta que las paredes temblaran, pero solo apretó los puños sobre el regazo hasta que se le clavaron las uñas.— Julián… — susurró, s
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