29. Ella dice que usted nunca sonríe.
Byron sabía esperar. Era una lección que Renata le enseñó desde pequeño, el éxito no es de quien más corre, sino de quien elige el momento exacto para golpear.Se quedó un momento frente al cristal del despacho de Elena. Estabaabsorta en su mundo, con los auriculares puestos y la mirada fija en unos gráficos que subían y bajaban en la pantalla. Parecía de hielo, una profesional impecable que nada tenía que ver con la mujer que, horas antes, había entrado en pánico en el despacho de su madre.Madre, pensó Byron, y un escalofrío le recorrió la nuca, sentía celos de no ser él el padre de ese niño, pero cada vez estaba menos seguro de que Julián lo fuera.En el sofá, Liam era una estatua pequeña. Tenía las piernas colgando y la vista perdida en su tablet, pero había algo en su quietud que a Byron le resultaba familiar. Observaba el entorno con una agudeza que no era propia de un niño de su edad. Byron abrió la puerta con cuidado. El despacho olía a cítricos y a algo vivo, una calidez que
Leer más