30. Correspondiste el beso.
Byron no se movió de su sitio hasta que vio a la niñera cruzar el vestíbulo con Liam. Se quedó allí, en la penumbra de su propia oficina, contando los segundos mientras el bullicio de la planta ejecutiva se apagaba.
En cuanto se aseguró de que el pasillo estaba despejado, cruzó hacia el despacho de Elena. Entró sin hacer ruido, sintiéndose como un intruso en su propio edificio. El aroma de ella seguía allí, flotando en el aire, pero Byron no se permitió distraerse. Fue directo a su objetivo.
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