Eva sintió el frío del cristal roto bajo sus pies y se obligó a respirar. Sabía que si Ulises sospechaba que Theodore era una amenaza real o un aliado, lo cazaría hasta el fin del mundo. Tenía que convertir a Theo en nada. En un cero a la izquierda.— ¿Quieres la verdad? — dijo Eva, forzando una expresión de absoluto desprecio — La verdad es que Theodore Mendieta no tiene ni la menor idea de quién eres tú, ni de lo que haces, ni siquiera de mi vida privada y aunque hayamos sido amigos en la infancia no representa absolutamente nada en la actualidad.Ulises se detuvo en seco como si estuviera pensando en su creerle o no, girando la cabeza lentamente.— ¿Ah, no? ¿Entonces por qué parece que sabe más de lo que debería? ¿Puedes explicar eso?Eva traga en seco, inhalando hondo antes de continuar.— Ese es el problema contigo, Ulises: ves fantasmas en todas partes — espetó ella, dando un paso al frente a pesar del mareo — Theodore es un niño rico, mimado y arrogante que vive en una burbuja
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