El ascensor subía despacio.Era uno de esos ascensores antiguos del Plaza que parecían permitirse el lujo del tiempo: madera oscura, espejo al fondo, luz dorada. Todo en la cabina transmitía una calma elegante que, en ese momento, solo conseguía volver más evidente la tensión.Lilly decía algo sobre la vista desde la azotea cuando, en el cuarto piso, el ascensor se detuvo.Las puertas se abrieron y ella miró a Freddy con una expresión demasiado oportuna para resultar convincente.—El ramo —dijo—. Lo dejé en la mesa del coordinador. Freddy, necesito que...—Está bien, vamos.—Kate, Julian, ¿pueden ayudarme a buscarlo? Sé que es absurdo, pero era de mi madre y no voy a subir sin él.Kate salió primero. Julian la siguió con la cortesía natural que lo acompañaba.—Subimos en dos minutos —dijo Lilly desde el pasillo, con una serenidad sospechosa.Luciana sostuvo su sonrisa apenas un instante más de lo necesario.Bastó para entender que aquello no tenía nada de casual.Las puertas se cerrar
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