El Louvre Abu Dhabi abría a las diez.Aisha Al-Mansouri llegaba a las ocho y media.Las dos horas antes eran suyas. El silencio de los espacios antes de que la gente llegara. La luz entrando por los paneles de la cúpula en capas, filtrada por la geometría de acero, descomponiendo el sol en algo que no quemaba, sino que revelaba.Ese martes, el informe de adquisición tuvo que esperar.Su asistente lo había reenviado sin comentario.Solo el enlace. Solo Page Six.Aisha abrió el artículo desde el teléfono, de pie junto a la mesa de archivo, con los guantes de algodón todavía puestos y el astrolabio andalusí del año 1088 a medio metro de sus manos.La foto era de un cóctel en Manhattan. El edificio de Park Avenue, los ventanales al fondo. Stefan Vanderbilt en la salida, abrigo oscuro, la postura de siempre: la de alguien que ocupa el espacio sin anunciarlo.El titular: VANDERBILT REGRESA.Aisha lo miró.No con el dolor agudo de diciembre, cuando el anillo llevaba tres meses fuera de su de
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