CHRIS La casa está en silencio.No un silencio normal, no ese que llega cuando cae la noche y todo descansa. Es un silencio espeso, cargado, como si las paredes mismas contuvieran la respiración. Estoy de pie frente a la puerta principal, a pocos pasos, sin atreverme a tocarla otra vez. La madera sigue intacta, cerrada, indiferente a que mi mundo entero esté del otro lado.—Sophie… —digo, y mi voz no me pertenece. Suena rota, suplicante—. Sophie, por favor.No hay respuesta.El teléfono sigue en mi mano. La policía viene en camino, lo sé, me lo dijeron, pero ese “ya vamos” no sirve de nada cuando cada segundo se estira como una condena. Camino de un lado a otro del porche, paso la mano por mi cabello, por mi nuca, por mi cara, como si pudiera borrar el pánico con gestos repetidos.La imagen no se va.La puerta cerrándose de golpe.El seguro.El tono de su voz al teléfono intentando tranquilizarme cuando yo ya sentía que algo estaba mal.Me acerco otra vez. Apoyo la frente contra la m
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