68.
CHRIS
Saco el teléfono del bolsillo como si pesara una tonelada. Mis dedos tiemblan tanto que casi lo dejo caer. Miro la pantalla sin verla realmente, con el nombre de mi madre flotando ahí como un ancla y una amenaza al mismo tiempo.
No quiero llamarla.
Pero no puedo no hacerlo.
Respiro hondo una vez. Dos. Tres. Ninguna sirve.
Marco.
El tono suena una, dos veces, y cada segundo se estira como si el tiempo también dudara antes de dejarme escuchar su voz.
—¿Christopher? —dice apenas atiende, al