65.
ROGER
La observo en el suelo, hecha un nudo de miedo y sollozos, y por un instante no siento nada. Ni culpa. Ni duda. Solo una molestia práctica, irritante, que me golpea la cabeza con insistencia.
Su cara.
Así no puedo llevarla a ningún lado.
Me paso una mano por el cabello, respiro hondo, intentando pensar con claridad. Londres. El aeropuerto. La gente. Las miradas. No puedo presentarme con mi prometida marcada, rota a la vista de todos. No todavía. No así.
—Siempre complicándolo todo… —murm