66.
CHRIS
La casa está en silencio.
No un silencio normal, no ese que llega cuando cae la noche y todo descansa. Es un silencio espeso, cargado, como si las paredes mismas contuvieran la respiración. Estoy de pie frente a la puerta principal, a pocos pasos, sin atreverme a tocarla otra vez. La madera sigue intacta, cerrada, indiferente a que mi mundo entero esté del otro lado.
—Sophie… —digo, y mi voz no me pertenece. Suena rota, suplicante—. Sophie, por favor.
No hay respuesta.
El teléfono sigue