SOPHIE Mi embarazo ya roza los seis meses y a veces me cuesta creer lo rápido que pasó el tiempo desde que llegamos a la isla. Las semanas acá tienen otro ritmo. No corren, flotan. Los días se miden en amaneceres tibios, en la brisa que entra por las ventanas, en Max riendo sin miedo y en Chris mirándome como si todavía no terminara de creer que esto es real.Físicamente me siento distinta. Más lenta, sí, pero también más consciente de mi cuerpo. Mi vientre ya no se puede disimular; es redondo, firme, vivo. La bebé se mueve con frecuencia, sobre todo por las noches, como si reclamara su espacio, como si ya quisiera hacerse notar en el mundo. A veces me despierta y, en lugar de molestarme, sonrío en la oscuridad y apoyo la mano sobre la piel tensa, hablándole en silencio.Emocionalmente… ha sido una montaña suave, no una abrupta como imaginé. Hay días de una calma profunda, casi desconocida para mí. Otros, una nostalgia rara, como si estuviera despidiéndome de algo sin saber exactamen
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