92.
SOPHIE
Entro a la casa con las bolsas todavía colgándome de los brazos y el olor a frutas frescas mezclándose con la brisa salada que viene del mar. Max corre directo a la cocina, hablando sin parar sobre todo lo que eligió “para su hermanita”, y yo sonrío, cansada pero feliz.
Entonces lo escucho.
La voz de Chris.
Baja. Medida. Demasiado cuidadosa.
Me detengo en seco cuando lo veo en el despacho, de espaldas a mí, con el teléfono pegado al oído. No me ha visto entrar. La puerta está entreabier