95.
CHRIS
El día amanece gris, pesado, como si el cielo hubiera decidido descargarse entero sobre la isla. Las nubes están tan bajas que casi parecen tocar el mar y la lluvia cae sin pausa, intensa, cerrando cualquier posibilidad de salir.
No hay paseos.
No hay playa.
No hay planes.
Y, por primera vez, eso no me molesta.
—Parece que hoy el mundo quiere que nos quedemos quietos —digo, mirando por la ventana mientras otra cortina de lluvia golpea el vidrio.
Max se asoma a mi lado, decepcionado solo