293. Desesperación
GabrielaEl celular se me resbaló de los dedos y cayó al suelo con un sonido seco y lejano, pero ni siquiera me moví para recogerlo. La respiración se me quedó atrapada en la garganta, el pecho apretado, jadeante, como si me estuviera ahogando en un vacío invisible. El impacto de la noticia hacía que todo mi cuerpo temblara, y mi mente se negaba a procesarlo.Magnus… hospital… herido… UCI…Las palabras retumbaban en mi cabeza como una sentencia, imposibles de ordenar.La vista se me nubló y los sonidos a mi alrededor se volvieron sordos, distantes. Sentí unas manos cálidas sujetándome los brazos, sacudiéndome con suavidad, intentando traerme de vuelta a la realidad.“¡Gabriela!”La voz de mi madre llegó cargada de pánico. Me sostenía por los hombros, con los ojos muy abiertos, tratando de entender qué estaba pasando.Intenté hablar, pero mi cuerpo no reaccionó. Entonces sentí otro toque, más suave, en el hombro.“Gabi”, susurró Monalisa, con la voz llena de preocupación.Levanté la mi
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