295. ¿Quién eres tú?
Gabriela
El silencio de la habitación solo era interrumpido por el sonido de las máquinas que monitoreaban cada latido del corazón de Magnus. El ritmo constante y mecánico me daba esperanza, pero al mismo tiempo, cada pitido resonaba como un recordatorio cruel de que aún no había despertado.
Habían pasado siete días. Siete días viéndolo inmóvil, conectado a cables y tubos, incapaz de oírme. Le hablaba todos los días, le tomaba la mano, le suplicaba que volviera conmigo. Con cada amanecer, mi es