292. El infierno no tiene fin
Leonardo
La sensación de control se me escurría entre los dedos como arena fina.
Intentaba retenerla, aferrarme a la ilusión de que todavía podía proteger a mi familia, pero la vida parecía decidida a demostrarme lo contrario.
Cuando el guardia regresó con el rostro serio y tenso, supe de inmediato que nada bueno saldría de su boca.
“Señor Martinucci”, comenzó, manteniendo un tono profesional pero firme. “Tenemos confirmación visual. Martina ha sido vista nuevamente en Roma.”
El silencio en la