301. La intimidad de lo desconocido
Magnus
El silencio de la habitación solo se veía interrumpido por el suave sonido de las páginas al pasar.
Abrí los ojos despacio, parpadeando un par de veces hasta que mi vista se acostumbró a la penumbra. La luz tenue de la lámpara proyectaba sombras delicadas, haciendo que el ambiente resultara más acogedor de lo que debería.
Entonces la vi.
Gabriela estaba sentada en el sillón junto a la cama, envuelta en una manta ligera, con las piernas recogidas sobre el asiento. Su cabello caía suavemen