294. Realidad
Gabriela
El viaje me pareció eterno. Incluso en la comodidad del jet privado, no logré encontrar un solo instante de paz. Cada segundo que pasaba era una tortura, cada minuto lejos de Magnus era uno menos para poder verlo, tocarlo, sentir su corazón latiendo bajo mi mano.
No dormí. No comí. No pensé en nada que no fuera llegar a tiempo.
El silencio dentro de la cabina pesaba tanto como el nudo en mi pecho. Tenía los ojos hinchados de tanto llorar, la cabeza me palpitaba y el cuerpo me dolía por