297. Lo sentí
Magnus
El trayecto de regreso a la habitación fue lento y agotador. Los enfermeros no parecían tener prisa por llevarme de vuelta, y ser arrastrado de un lado a otro en aquella cama de hospital solo aumentaba mi irritación. Cada movimiento era un recordatorio de lo que mi cuerpo había soportado. El brazo y la pierna estaban vendados, el peso de las heridas me mantenía casi inmóvil, y el dolor en el cráneo latía como un tambor constante. Estaba despierto, consciente, pero al mismo tiempo… vacío.