293. Desesperación
Gabriela
El celular se me resbaló de los dedos y cayó al suelo con un sonido seco y lejano, pero ni siquiera me moví para recogerlo. La respiración se me quedó atrapada en la garganta, el pecho apretado, jadeante, como si me estuviera ahogando en un vacío invisible. El impacto de la noticia hacía que todo mi cuerpo temblara, y mi mente se negaba a procesarlo.
Magnus… hospital… herido… UCI…
Las palabras retumbaban en mi cabeza como una sentencia, imposibles de ordenar.
La vista se me nubló y los