296. Esto no puede ser verdad

Leonardo

La habitación estaba en silencio, pero no era un silencio cómodo. Era ese silencio pesado, asfixiante, que precede a una tormenta. Gabriela seguía de pie junto a la puerta, incapaz de moverse, como si esperara que en cualquier momento Magnus la recordara.

Pero no lo hacía.

Lo vi en sus ojos.

Y eso me destrozó.

Sabía exactamente lo que Gabriela estaba sintiendo. Ya había pasado por eso. Ya había visto a Amber mirarme sin saber quién era yo, sin reconocer nuestro amor, sin recordar nuest
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