*—Ezra:El mundo no desapareció, pero perdió importancia. El aire se volvió más liviano, el tiempo más lento. Sus dedos se aferraron a la espalda de Dante mientras algo invisible, imposible de nombrar, se acomodaba dentro de él. No vio recuerdos, ni escuchó voces, pero sintió una certeza absoluta.Su cuerpo dejó de resistirse a nada. Cada músculo, cada latido, cada fibra parecía decir: es él. Como si algo que había estado buscando sin saberlo, por fin hubiera encontrado su lugar.Era como una sensación precisa de dos piezas distintas que, aunque no compartían la misma forma, habían sido creadas para encajar entre sí desde el principio; bordes diferentes, curvas opuestas, pero perfectamente complementarias. Como si el mundo las hubiera mantenido separadas durante demasiado tiempo y, al fin, al tocarse, todo adquiriera sentido. No había urgencia ni desesperación en ese instante, solo una alineación natural, inevitable, la calma profunda de algo que por fin ocupa el lugar al que siempr
Leer más