*—Ezra:
El deseo danzaba entre ellos como partículas suspendidas en el aire, destellos rojos, naranjas y rosas que parecían ondular alrededor de sus cuerpos. No sabía si era su imaginación o las feromonas saturando el espacio, pero Ezra juraría que podía ver el calor flotando entre ambos.
Dante lo tenía presionado contra la puerta del apartamento, sus manos firmes a sus costados, el cuerpo inclinado sobre el suyo y mirándolo con un fuego crudo, indomable.
Sus ciclos de calor estaban comenzando.