*—Dante:
¿Cómo pudo darle la espalda a Ezra de esa manera?
Sabía que el chico había estado por él durante años. Lo había visto entregarse en silencio, soportarlo todo: observarlo con otros, fingir indiferencia, tragarse el dolor mientras su corazón se deshacía en pedazos. Ezra siempre estuvo ahí, constante, leal, esperando. Y cuando por fin el destino les concedía una oportunidad, cuando sus cuerpos se imprimieron uno con el otro de una forma irrevocable, Dante había convertido lo que tenían en