*—Ezra:
Dante descendió de la cama sin apartar los ojos de él y Ezra se giró sobre el colchón, quedando de espaldas, y lo miró.
El alfa permanecía de pie frente a la cama, el pecho subiendo y bajando con respiración pesada. Su deseo no había desaparecido, éste brillaba en esos ojos dorados con intensidad contenida. Aún no estaba completamente listo otra vez, pero el hambre en su mirada decía que era solo cuestión de tiempo.
Ezra se relamió los labios, lento, provocador. Había estado jugando as