Harry avanzó hacia ella con esa seguridad que siempre lo caracterizaba, el paso relajado, las manos en los bolsillos. Ariana, por reflejo, tomó su cappuccino del mostrador y dio un paso hacia la salida, intentando evitarlo sin llamar demasiado la atención. Pero Harry ya estaba allí, interponiéndose en su camino con una sonrisa ladeada, peligrosa, la clase de sonrisa que no mostraba dientes pero sí intenciones. Era un depredador social; sabía leer cuerpos, silencios y debilidades ajenas con la misma facilidad con la que respiraba. —¿Por qué siempre huyes de mí, Ariana? —preguntó en tono suave, casi juguetón, como si realmente creyera que ella estaba escapando de una conversación trivial.Ariana alzó una ceja, sosteniéndole la mirada con frialdad. No dijo nada. No quería darle ni una palabra de más, ni una pizca de terreno emocional que él pudiera usar en su beneficio.Harry dio un paso más, acortando la distancia de una manera deliberada, su sombra casi rozándola. Ariana respiró de
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