El invierno de 2073 trajo consigo un sonido que nadie había escuchado antes.No era el viento, que seguía soplando como siempre. No era el agua, que seguía golpeando los pilotes del muelle. Era un murmullo, bajo, continuo, que parecía venir de las raíces del árbol nuevo. Como si algo, bajo la tierra, estuviera hablando.Alma fue la primera en oírlo. Estaba en el jardín, con las manos en la tierra, cuando sintió la vibración. No era desagradable. Era como cuando alguien te llama desde lejos, y no sabes qué quiere, pero sabes que te está llamando.—¿Oyes? —preguntó a Sol, que estaba dibujando bajo el árbol viejo.—Sí. ¿Qué es?—No lo sé. Pero quiere que lo escuchemos.Se sentaron junto al árbol nuevo, con las manos en la tierra, y cerraron los ojos. El murmullo no era una voz. No eran palabras. Era una sensación, como cuando alguien está triste y no puede decirlo, pero lo sientes.—¿Quién es? —preguntó Sol.—No uno. Muchos.—¿Qué quieren?—Que los recordemos.Pasaron los días. El murmul
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