Eric entró en la morgue acompañado por dos agentes sin sentir realmente el trayecto desde la calle hasta el interior.
Todo le parecía amortiguado, como si su cuerpo siguiera en el hospital, delante del cristal de neonatología, y no en ese pasillo blanco, estrecho y demasiado limpio, donde el frío se le metía bajo la ropa. Sabía que en su casa había quedado un escenario imposible de borrar, sangre en el suelo, muebles volcados, marcas de arrastre y un rastro de pelea que empezaba en el salón y se