El timbre sonó de pronto, dos toques cortos, insistentes. Frunció el ceño. Tommy no volvería tan rápido. ¿Evan? No, él avisaba y además tenía llave de la casa.
Se levantó despacio, la mano en el vientre para equilibrarse, el dolor de cabeza intensificándose con el movimiento. Caminó al pasillo, miró por la mirilla: un hombre, uniforme de repartidor genérico, gorra baja, paquete en mano. Compañía de envíos estándar.
Abrió la puerta con cautela.
—¿Sí?
—Pedido para Amanda López —dijo el hombre, vo